La danza africana de Roger Milla
Ya en sus orígenes, los mundiales de fútbol fueron concebidos como una gran fiesta para todos los aficionados a ese deporte. Y en todas las celebraciones hay algo que no puede faltar: la música y el baile. Para el Mundial de 1990, los países participantes se tomaron muy en serio esta consigna. Argentina trajo el tango, Colombia su cumbia, Rumanía los ritmos zíngaros… Pero por encima de todos destacó la danza africana de la makossa.
El guión del Mundial de Italia 90 parecía escrito de antemano: superioridad absoluta de las selecciones de una Europa que vivía continuos cambios, tras la caída del muro de Berlín un año antes. El dominio del vigente campeón, Argentina, era lo único diferente que cabía esperar. Sin embargo, en el primer partido que jugó la selección “más odiada de la historia”, comandada por Bilardo y Maradona, se produjo un hecho inesperado, una desconocida selección africana consiguió ganarle a uno de los claros favoritos. La gesta de Camerún vino de la mano del héroe más improbable. Roger Milla estaba casi jubilado. Había abandonado la selección en 1988, retirándose a la Isla de Reunión, donde jugaba en el modesto JS Saint-Pierroise. Pero una llamada del presidente de Camerún rogándole que volviera para la cita mundialista lo cambió todo. En aquel momento, tenía 38 años y veinte días. El partido contra Argentina comenzó viéndolo desde el banquillo y sólo disputó los últimos minutos. Sin embargo, fue contra Rumanía cuando Roger Milla hizo historia, al convertirse en el jugador más longevo en marcar en este torneo, a falta de trece minutos para el final. El segundo gol lo consiguió diez minutos más tarde. Camerún pasaba así a la siguiente ronda donde le esperaba la Colombia de René Higuita. Milla marcó dos goles, el segundo tras un fallo del portero colombiano quien quiso regatear al camerunés, pero “A Milla, no le regatea nadie”. La académica Inglaterra esperaba en los cuartos de final. Fue una lucha entre dos visiones contrapuestas del fútbol, pero igualmente apasionantes. La aguerrida Camerún salió derrotada, aunque eso fue lo de menos. Una selección africana había asombrado al mundo de la mano de Roger Milla, quien con el paso del tiempo se convirtió en el jugador más aclamado de la historia de África. El Mundial de Italia 90 lo ganó Alemania, pero, el verdadero triunfo se vivió en un país olvidado que observó extasiado como Roger Milla celebraba sus goles al ritmo de los tambores de la makossa.
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